Ahorro y riqueza
CincoDías.com - 17 de noviembre de 2005
 
Instituciones tanto públicas, como el Banco de España, como privadas, como Funcas, ofrecen un panorama sombrío del ahorro y el endeudamiento de las familias españolas. El autor realiza matizaciones en lo que se refiere a esa visión pesimista

Según recientes referencias, el ahorro en España ofrece un panorama sombrío. Esta impresión se transmite desde instituciones públicas, como el Banco de España, cuando menciona el creciente endeudamiento de las familias, o privadas, como la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), en su encomiable actividad de seguimiento del ahorro español. El ahorro de las familias pierde progresivamente peso sobre el total de su renta. Al tiempo, siguen endeudándose para financiar su gasto duradero, aumentando la proporción del presupuesto familiar destinado al servicio de sus deudas. Quisiera hacer unas matizaciones a estas referencias, no tanto a las relativas al tamaño del problema (insuficiencia del ahorro) como a la visión pesimista respecto a su deterioro.

Nuestro ahorro es insuficiente si lo comparamos con su necesario destino: el complemento de nuestra pensión. El sistema público de pensiones no nos garantiza una renta suficiente una vez finalizada la vida laboral. Renta suficiente sería la que nos proporcionara un nivel de consumo similar al que nos permite nuestra renta salarial a lo largo de nuestra vida laboral. Si queremos afrontar la vejez sin incertidumbres, especialmente los que pertenecemos a las cohortes del baby boom, lo mejor que podemos hacer es ahorrar mucho más de lo que ahora hacemos.

Partiendo de la premisa de ahorro insuficiente, me cuesta más pensar que la situación haya empeorado sustancialmente los últimos años. Al menos tanto como se podría desprender de la disminución de la tasa de ahorro (ahorro sobre renta disponible) o del aumento del nivel de endeudamiento (deuda sobre renta disponible).

Un problema para analizar la trayectoria del ahorro tiene que ver con la definición de la renta disponible de las familias. Las estadísticas oficiales incluyen en dicha partida, grosso modo, las rentas del trabajo y del capital, deducidos los impuestos sobre la renta. Sin embargo, en dicha definición las estadísticas oficiales no incorporan la variación de la riqueza de las familias. Esta omisión adquiere relevancia cuando analizamos los usos que una familia puede dar a la renta disponible: gastarla ya o guardarla para gastarla más adelante (ahorrar). Los economistas no solemos pensar en el ahorro como decisión última, más bien pensamos que las familias distribuyen consumo a lo largo de su vida, trasladando renta para consumo futuro (ahorrando). Además tendemos a pensar que lo mejor que puede hacer un individuo es sostener un consumo constante a lo largo de la vida. Por eso podemos entender que la mejor elección es trasladar consumo desde nuestro periodo laboral a la parte de nuestra vida en la que no tendremos renta salarial.

¿Qué sucedería si aumentara mucho la riqueza del individuo en un periodo? Probablemente su conclusión sería: 'No necesito ahorrar tanto porque mi consumo futuro puede derivarse de las plusvalías generadas'. Conceptualmente tanto la definición del ahorro como la de la renta disponible, por tanto, incorpora el aumento de la riqueza. Todo el aumento de riqueza es renta disponible y, como no se suele gastar, también ahorro. Pero no aparece así en las estadísticas oficiales.

Pero, ¿cuán importante puede ser este aumento de riqueza en los últimos tiempos? Para una familia que adquirió hace un año una vivienda, el aumento del precio puede haber rondado el 20%. En el caso de que la familia pidiera un préstamo hipotecario, dicho préstamo cubriría probablemente el 80% del valor. Esto significaría que el patrimonio de la familia tendría que iniciarse en el 20% para poder pagar el importe total. Al cabo de un año (olvidando la amortización del préstamo) el patrimonio de la familia sería del 40% del valor inicial, pues su casa valdría un 120% de valor inicial y debería el 80% de valor inicial. El incremento de su riqueza sería del 100% en un año, dado que la familia ha financiado un 80% de su inversión.

No insistiría en la importancia del aumento de la riqueza sobre el ahorro si aquella hubiera crecido a tasas moderadas, pero, dado el comportamiento de los precios de la vivienda en los últimos años y el hecho de que una buena parte del parque de viviendas está financiado, en el mayor y más duradero boom de crédito vivido por nuestra economía, me parece que el incremento de la riqueza puede estar condicionando muy fuertemente las decisiones de ahorro de las familias.

Este extraordinario aumento de la riqueza se une a otros importantes cambios en nuestra economía: la mejora del acceso al crédito de las familias (entre otras razones por la mejoría de su situación patrimonial), la reducción de los tipos de interés, el aumento del nivel de ocupación, la reducción de incertidumbres… Todos estos cambios han reducido la tasa de ahorro y han solapado sus efectos y tienen carácter permanente.

De la misma manera que la evaluación de la tasa de ahorro parece sesgada por la no consideración del incremento de la riqueza, creo que no es sensato evaluar la situación de las familias por su nivel de endeudamiento. Si volvemos a la familia que experimentó una plusvalía del 20% del valor de su vivienda, posiblemente su endeudamiento no es un reflejo fiel de su situación: su patrimonio se ha doblado, aunque su nivel de endeudamiento no ha disminuido.

Vista la situación, lo que parece temible es que aumente la tasa de ahorro oficial.

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