La ciudad no es para mí
El Mundo (Su Vivienda) - 18 de noviembre de 2005
 
«La ciudad no es para mí», pensaba el personaje interpretado por Paco Martínez Soria en la famosa película del mismo nombre. Eran otros tiempos. España vivía en plena época del desarrollismo, período de crecimiento económico y demográfico intenso que, desde el punto de vista territorial, trajo consigo un fuerte proceso migratorio desde el campo a la ciudad. Este éxodo rural se prolongó hasta comienzos de los años ochenta y pudo articularse gracias a un crecimiento urbanístico de alta densidad, que cambió la fisonomía de las ciudades españolas. El protagonista de esa película (sin duda, una caricatura, pero que, en cierto modo, refleja la experiencia vital de millones de españoles de la época) se sentía fuera de lugar en un mundo -el de la gran urbe- desconocido para él.

Los tiempos han cambiado, las dinámicas territoriales y la sociedad española también. Buena parte de los municipios que décadas atrás crecieron de forma rápida hace tiempo que invirtieron esta tendencia e incluso han comenzado a perder población. Este vaciado demográfico de algunos centros urbanos (muy matizado por la reciente llegada de inmigrantes) se explica en función de la dispersión de la vivienda y de las actividades en territorios cada vez más extensos, que tuvo sus primeros precedentes en las ciudades americanas y, posteriormente, en otras muchas europeas. En España este fenómeno también ha seguido una cierta secuencia temporal. En una fase temprana, se dejó notar principalmente en las grandes áreas metropolitanas y más tarde, en las de carácter regional y en las ciudades medias.

Son muchos los factores que están favoreciendo la rápida expansión de este modelo de ciudad dispersa. Entre ellos, cabría citar el desarrollo de la movilidad basada en el vehículo privado, las nuevas formas de vida y hábitos de consumo de la población, así como el cambio de preferencias en cuanto a tipologías residenciales. Junto a todos estos, encontramos otro elemento clave a la hora de entender las decisiones de adquisición de vivienda: el diferencial de precio entre las zonas densas del centro de la ciudad y las periferias dispersas.

El mayor valor del suelo urbanizable en zonas centrales explica que los precios de las viviendas sean más elevados en estas áreas que en los asentamientos de la periferia. Y esto hace que muchas personas, cuyo horizonte vital (trabajo, amistades, familia, etc.) está claramente incardinado en la ciudad, tengan que abandonar la urbe para vivir en un territorio metropolitano cada vez más amplio, e incluso, se adentren en zonas netamente rurales para poder costearse una vivienda. De alguna forma, son expulsados de la ciudad por el alto precio de la vivienda. Al igual que le ocurría al personaje de Paco Martínez Soria, hoy en día muchos comprueban que la ciudad no es para ellos: simplemente, no pueden permitirse vivir allí.

Juan José Pons Izquierdo es profesor adjunto de la Universidad de Navarra en el departamento de Geografía y Ordenación del Territorio

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