La vida fuera de la 'burbuja'
El País (Comunidad de Madrid) - 28 de mayo de 2006
 
El precio de los pisos fuerza a miles de madrileños a mudarse a localidades de provincias limítrofes. Una vivienda más barata. Es lo que buscan los miles de madrileños que se han mudado en los últimos años a poblaciones limítrofes de la región como Villanueva de la Torre (Guadalajara), Illescas (Toledo), La Adrada (Ávila) y Segovia. Allí han podido comprarse pisos a mitad de precio de lo que valen en la Comunidad de Madrid. A pesar de los atascos que sufren todos los días en la carretera, muchos de estos exiliados aseguran que les merece la pena, porque han ganado en calidad de vida. La mejora de las infraestructuras -la llegada del AVE y las autopistas de peaje- ha hecho que Castilla-La Mancha y Castilla y León se hayan convertido en comunidades de acogida para muchos madrileños. La localidad toledana de Illescas (17.000 vecinos) es un buen ejemplo del efecto frontera: su población crece cada año en más de 1.000 habitantes, y en sus calles, muchas de ellas en obras, han aflorado numerosas inmobiliarias al amparo de la llegada de los expulsados por la burbuja inmobiliaria.

Después de dos años como novios, Eduardo Cañas y Luisa Montilla decidieron hace cuatro meses irse a vivir juntos. Una vez dado el primer paso, el siguiente era inexcusable: buscaron piso en Madrid, Collado-Villalba, Moralzarzal... Con un sueldo de 1.400 euros cada uno, sólo se podían permitir la compra de pequeños apartamentos a 50 kilómetros de Madrid cuyo precio no bajaba de los 210.000 euros. El final de la búsqueda llegó en forma de dúplex de 90 metros cuadrados por 180.000 euros. El único inconveniente era su ubicación: Segovia.

"Pero no nos lo pensamos. Creíamos que el cambio nos merecía la pena. Además, tampoco podíamos acceder a otra cosa", cuenta ahora esta pareja. Como ellos, miles de madrileños han cruzado en los últimos años la frontera de la región en busca de viviendas más asequibles.

La Comunidad de Madrid no dispone de datos sobre cuántos madrileños han optado en los últimos años por dar la espantada hacia otras regiones vecinas. "Madrid es una fuente muy grande de atracción de trabajadores; pero los que deciden irse, también contribuyen al crecimiento de las poblaciones limítrofes", opina un portavoz de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio.

La mayor parte de estos exiliados inmobiliarios se dirigen sobre todo a dos comarcas castellanomanchegas: el Henares (127.000 vecinos), en la provincia de Guadalajara, y La Sagra (120.000 residentes), en Toledo. Las previsiones de la Junta de Castilla-La Mancha pasan por que, debido a la llegada masiva de madrileños, en el próximo decenio vivirán en la zona del Henares medio millón de personas, y en La Sagra, en el año 2020, lo hará unas 360.000.

El motivo de este cruce de límites lo resume un portavoz de la Consejería de Vivienda y Urbanismo de Castilla-La Mancha. "Tenemos vivienda más barata y servicios de primera". Si en la Comunidad de Madrid el metro cuadrado cuesta 2.873,9 euros, según datos del Ministerio de Vivienda, en cualquier municipio limítrofe esa cifra se reduce a la mitad.

Villanueva de la Torre (5.664 vecinos), en Guadalajara, es un buen ejemplo de pueblo tomado por los madrileños, que le han hecho valedero de un singular récord: es la localidad de España con el mayor porcentaje de hipotecados, según el Instituto Nacional de Estadística. También es la localidad española con la media de edad más joven (30,4 años) y con el porcentaje de nacimientos más alto (el año pasado nacieron 132 niños, el 2,33% del total de la población).

Pero la masiva llegada de madrileños hace que algunas de las localidades receptoras crezcan de manera desordenada. Para poner freno a la desmesura, la Consejería de Vivienda ha diseñado unos "planes de ordenación del territorio" con el objetivo de "planificar los crecimientos de los pueblos de una manera ordenada". "No queremos ciudades feas, llenas de bloques y sin zonas verdes. Eso es lo que estamos intentando evitar a toda costa", agregan fuentes de la Consejería de Vivienda.

La mayor parte de los que han trasladado su residencia a Castilla-La Mancha proceden de las localidades del cinturón industrial del sur de Madrid, mientras que el perfil de los que han elegido Castilla y León está menos definido.

Cuando Eduardo Cañas y Luisa Montilla -que por su profesión de policías prefieren no dar sus verdaderos nombres- se muden por fin al dúplex segoviano, tendrán que recorrer todos los días 180 kilómetros -90 de ida y otros 90 de vuelta- entre la localidad castellana y la comisaría de Madrid donde trabajan. "No me importa", dice Eduardo, de 29 años, "la combinación de autobuses es muy buena y cuando pongan el AVE, Madrid estará entonces a un tiro de piedra".Blanca Valverde, concejal de Participación Ciudadana de Segovia (PSOE), reconoce que, a pesar de que en el último padrón sólo constan "dos altas de madrileños", es innegable la llegada a esta ciudad de residentes de la capital hartos de pagar precios abusivos por la vivienda.

La explicación a que muchos residentes se nieguen a empadronarse en la nueva localidad, radica en el temor a perder supuestos derechos en la capital, como por ejemplo el médico de cabecera.

"El último plan de ordenación urbana prevé que Segovia duplique sus 57.000 habitantes en los próximos años", afirma la concejal. La llegada del tren de alta velocidad el próximo año hará que el trayecto entre Madrid y capital segoviana se reduzca a 20 minutos, lo que ha provocado un auténtico boom inmobiliario en la ciudad del acueducto.

El Ayuntamiento segoviano contempla la construcción de casi 20.000 viviendas hasta finales de la próxima década, que se unirían a otras tantas previstas en los 20 municipios del área de influencia segoviana. El número de residentes en la comarca podría alcanzar los 150.000 en la próxima década.

Desde que en 1997 se hizo público que el AVE llegaría a Segovia, el precio de la vivienda libre en la provincia se ha multiplicado por dos: ha pasado de 643,3 euros el metro cuadrado hasta los 1.286,6 euros que costaba en 2005.

Pero las comunicaciones también enfrentan a los municipios limítrofes afectados por este traspaso continuo de vecinos. Meco, en Madrid, y Villanueva de la Torre, en Guadalajara y donde viven cientos de madrileños, están unidos por un camino rural asfaltado.

Sin embargo, el alcalde de Meco, Pedro Luis Sanz, del PP, ha abierto dos zanjas para impedir que el tráfico del pueblo vecino llegue hasta el suyo. Lo ha hecho porque, según él, los turismos procedentes del pueblo de Guadalajara, gobernado por el PSOE, colapsaban las calles de Meco. Por su parte, el Ayuntamiento de Villanueva de la Torre se ha visto obligado a anunciar la creación de una nueva carretera en paralelo al camino cortado.

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