Los otros belenes
El Mundo (Castilla y León) - 20 de diciembre de 2006
 
Yo no sé si los conspicuos inspectores que investigan la catedral después de los últimos descalabros, se habrán dado cuenta; pero en algún retablo, en alguna hornacina de piedra, tiene que haber un hueco de donde falte una figura o imagen. Porque yo la he visto. La he visto paseando no muy lejos de allí, con su barba gótica y su chambergo de fieltro, con sus harapos medievales a fuerza de mugre, con un rostro tallado por cinceles de hielo y una querencia instintiva por el rincón y el soportal. Yo lo imaginaba un santo inquieto, aburrido ya de las melodías celestiales del órgano, intrigado por el pop, el rock o el rap del pub. O tal vez un pícaro goliardo de algún capitel obsceno, harto de los olores del incienso y con ganas de probar otras narcosis o husmeando fisgón frutas prohibidas del otro lado de las tapias del paraíso. Y lo imaginaba también, llegada la noche, de vuelta al abrigo de su nicho o su hornacina, puntual al recuento de Dios Padre. Pero pronto supe que no; que, aun a riesgo de arresto, él prefería el cobijo de un cajero automático de algún banco o algún banco de la plaza, a la frialdad de la piedra y a la penumbra misteriosa del templo. De modo que en el inventario los investigadores podrán darlo por desaparecido, víctima de robo o pulverizado por una caída como la de las gárgolas. Pero yo sé que él anda por ahí mendigando, mientras le llega la edad de la pensión que le procure una cama en cualquier posada barata. Alguien, contemplando estos días el nacimiento de la plaza de San Marcelo, se quejaba de lo repetitivo de la instalación, siempre el mismo escenario, siempre la misma mula y el mismo buey, siempre el mismo portal… Y acusaba de falta de imaginación y modernidad a nuestros organizadores de eventos culturales. Como si no hubiera más ojos que los aburridos suyos ni cada año niños nuevos (pocos) para quienes siempre es novedad lo de siempre.

No le sería muy difícil, no digo imaginar, ver escenarios navideños nuevos. Si no el tradicional belén, ahí tiene el cajero automático donde duerme el mendigo o el piso cutre donde se hacinan inmigrantes o la eterna casa paterna donde se consume una juventud sin hogar propio. Nuevos escenarios donde los mismos personajes, no interpretan, viven los eternos dramas del desamparo. San José y la Virgen sin lugar en el mesón posada son hoy el mendigo de marras durmiendo en el cajero automático o los inmigrantes hacinados en míseras viviendas. Hasta el niño Jesús es hoy el joven de 30 años, que sigue recibiendo el aliento de la mula y el buey en casa de sus padres. Sin piso donde vivir, ni sueldo que se lo pague.

El domingo lo escenificaban unos jóvenes en la plaza de San Martín. Denunciaban los 14.000 pisos vacíos en nuestra ciudad (y más en construcción) de los 3,1 millones en España, y la precariedad de un futuro de hipotecas de por vida, en el mejor de los casos. Anunciaban así la celebración este sábado en todo el Estado del día de 'Lucha por una Vivienda Digna'.

Dos mil años de historia y las mismas figuras en otros belenes.

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